Turismo comunitario y gentrificación: ¿cómo proteger el derecho a habitar los destinos turísticos?
7 Oct 2026

Turismo comunitario y gentrificación: ¿cómo proteger el derecho a habitar los destinos turísticos?.

El 17 de marzo, el Grupo de Trabajo sobre Turismo Comunitario y Comercio Justo de la Organización Internacional de Turismo Social (ISTO), coordinado por Coralie Marti (Association pour le Tourisme Équitable et Solidaire – ATES), dedicó su reunión mensual a un tema cada vez más relevante para los destinos de todo el mundo: la relación entre el desarrollo turístico, la gentrificación y el derecho de las comunidades locales a seguir viviendo en sus propios territorios.

A partir de una presentación de Chiara Alvarado López, de la Universidad de Quintana Roo (México), y de un enriquecedor intercambio entre profesionales, investigadores y representantes de organizaciones de distintos países, la sesión puso de relieve una paradoja central: el turismo puede revitalizar un territorio, pero cuando no está adecuadamente regulado también puede contribuir al desplazamiento progresivo de las comunidades que le dan identidad.

Turismo y gentrificación: cuando la atracción turística transforma los barrios

En todo el mundo, muchos de los barrios urbanos más atractivos experimentan un aumento acelerado del precio de la vivienda, la expansión de los alquileres turísticos de corta duración y profundas transformaciones de su tejido social y comercial. Cafeterías tradicionales son reemplazadas por establecimientos estandarizados, los comercios de proximidad dejan paso a negocios orientados a los visitantes y los habitantes históricos terminan abandonando paulatinamente sus barrios. Estas dinámicas ya son visibles en ciudades como Barcelona, Lisboa, Venecia y Ciudad de México.

La gentrificación no es causada únicamente por el turismo. También responde a dinámicas inmobiliarias, estrategias de inversión y, cada vez más, a la llegada de residentes con mayor poder adquisitivo, incluidos numerosos trabajadores remotos internacionales. Sin embargo, el turismo puede acelerar estos procesos al hacer más rentable el alojamiento turístico que la vivienda residencial o al incrementar el atractivo de determinados barrios sin que existan políticas públicas capaces de proteger a sus comunidades. Los intercambios del grupo de trabajo también subrayaron la importancia de distinguir entre varios fenómenos relacionados, pero diferentes: los flujos turísticos, la turistificación de los espacios urbanos y la gentrificación residencial. Aunque se alimentan mutuamente, no obedecen necesariamente a las mismas dinámicas.

México: un laboratorio de la gentrificación turística

México constituye un caso especialmente ilustrativo de estos desafíos.

En Ciudad de México, barrios históricos como Roma, Condesa, Coyoacán o Polanco han experimentado en los últimos años una creciente presión inmobiliaria. La expansión de los alquileres temporales, la llegada de nómadas digitales y otros residentes internacionales, así como el aumento de las inversiones privadas, han transformado profundamente su funcionamiento social y económico. El costo de la vivienda continúa aumentando, los comercios se orientan cada vez más hacia consumidores internacionales y muchas familias que han vivido allí durante generaciones tienen crecientes dificultades para permanecer en sus barrios.

Estas transformaciones no se limitan a la capital. Destinos como Puerto Escondido, Mérida y diversas localidades de Yucatán y Quintana Roo enfrentan presiones similares derivadas del turismo internacional, la especulación inmobiliaria y el crecimiento de las plataformas digitales de alojamiento. Más allá de la vivienda, los participantes también destacaron otro fenómeno preocupante: la folklorización de las culturas locales. Cuando las tradiciones se adaptan principalmente a las expectativas del mercado turístico, corren el riesgo de perder parte de su significado y convertirse en simples productos comerciales. El patrimonio inmaterial, la gastronomía, la artesanía y las celebraciones tradicionales pueden terminar reducidos a estereotipos que empobrecen su riqueza y diversidad.

El derecho a la ciudad frente al turismo masivo

Las discusiones dejaron claro que la gentrificación va mucho más allá del turismo. En el fondo, plantea una cuestión fundamental: el derecho de las comunidades a permanecer en sus barrios, acceder a una vivienda asequible, mantener sus actividades económicas y preservar su patrimonio cultural. El turismo se vuelve problemático cuando dificulta o impide esta continuidad. Por el contrario, puede convertirse en una fuerza positiva cuando fortalece la capacidad económica, social y política de las comunidades locales.

Varios participantes insistieron en que el turismo comunitario no debe entenderse únicamente como un producto turístico alternativo, sino como una estrategia de desarrollo territorial que sitúa a los habitantes en el centro de la planificación turística.

¿Puede el turismo comunitario convertirse en una respuesta frente a la gentrificación turística?

Las discusiones también reconocieron que el turismo comunitario, por sí solo, no puede detener las causas estructurales de la gentrificación. La especulación inmobiliaria, las políticas urbanas, los mercados internacionales de bienes raíces y las nuevas formas de movilidad residencial forman parte del problema.
Sin embargo, el turismo comunitario puede fortalecer la resiliencia de las comunidades. Cuando los propios habitantes organizan la actividad turística, crean cooperativas locales, valorizan sus conocimientos tradicionales o desarrollan cadenas de valor arraigadas en el territorio, también fortalecen su capacidad colectiva para defender sus derechos.

Los miembros del grupo compartieron experiencias que muestran cómo estas iniciativas pueden reforzar la gobernanza local, proteger el acceso colectivo a la tierra y ofrecer a las comunidades una mayor capacidad de incidencia en el diálogo con las autoridades públicas. En este sentido, el turismo se convierte en una herramienta más al servicio del desarrollo territorial impulsado por las propias comunidades.

Las políticas públicas siguen siendo indispensables

Una de las principales conclusiones de la sesión fue que ninguna iniciativa comunitaria puede sustituir la acción pública.
Los participantes destacaron la necesidad de actuar simultáneamente sobre distintos frentes: regular los alquileres turísticos de corta duración, proteger la vivienda asequible, apoyar a los comercios locales, preservar los ecosistemas frente a proyectos especulativos y fortalecer las cooperativas comunitarias.

México ofrece algunos ejemplos alentadores de movilización ciudadana. Diversas comunidades han logrado detener proyectos turísticos que amenazaban ecosistemas sensibles, especialmente manglares en Quintana Roo. Otras iniciativas promueven recorridos por barrios menos conocidos diseñados junto con los propios habitantes, poniendo en valor mercados tradicionales, pequeños comercios, productores locales y sistemas agrícolas ancestrales como las chinampas de Xochimilco. Estas experiencias también muestran que desconcentrar el turismo hacia nuevos barrios no basta por sí solo. Sin políticas de vivienda y de ordenamiento territorial, esta estrategia corre el riesgo de trasladar la gentrificación hacia otros sectores de la ciudad.

Proteger el patrimonio cultural sin convertirlo en un producto

Otro de los grandes temas abordados fue la creciente tensión entre la valorización cultural y la mercantilización del patrimonio. Los participantes coincidieron en que el turismo comunitario no debe consistir en convertir las tradiciones en espectáculos para los visitantes, sino en generar encuentros auténticos donde las comunidades mantengan el control sobre la forma en que presentan y transmiten su patrimonio.

Este enfoque permite valorar el patrimonio vivo —la gastronomía, la artesanía, la agricultura, las lenguas, las festividades y las prácticas cotidianas— sin reducirlo a una mercancía. También reconoce a las comunidades no solo como actores económicos, sino como titulares de derechos y guardianas de su propio patrimonio cultural.

Hacia un turismo sostenible que proteja a las comunidades locales

Las reflexiones del Grupo de Trabajo de ISTO muestran que la respuesta a la gentrificación turística no consiste en rechazar el turismo, sino en transformarlo. Un turismo sostenible no puede considerarse realmente sostenible si contribuye a expulsar a los habitantes de sus propios barrios. El turismo comunitario ofrece una alternativa al convertir el desarrollo turístico en una herramienta al servicio de las personas, fortaleciendo la gobernanza comunitaria, protegiendo el patrimonio cultural y mejorando la calidad de vida.

Si bien este enfoque no sustituye las políticas públicas necesarias para regular los alquileres de corta duración, frenar la especulación inmobiliaria o garantizar el derecho a la ciudad, sí puede fortalecer la capacidad de las comunidades para participar en las decisiones que afectan sus territorios. Esta es precisamente la visión que ISTO impulsa a través de su Grupo de Trabajo internacional : un turismo que no se mida únicamente por su capacidad de atraer visitantes o generar ingresos, sino también por su capacidad de ser justo, inclusivo y verdaderamente beneficioso para quienes viven en los destinos turísticos.